Nave grande, ande o no ande

Nave grande, ande o no ande. Cuento de Tony Jim, ilustración de Jana Kalc
Jana Kalc

–Si quieren contratarme, entonces tendrán que aceptar mis condiciones y punto y se ha acabado –les dije a aquellos dos bolianos.

–Pero ya le hemos dicho, Sr. Jim, que en este caso no es necesario. No necesita usted un copiloto, la nave está totalmente automatizada –explicó uno de aquellos hombres calvos de piel azul.

–Esto está bien, me parece estupendo que sea una nave automatizada, pero yo necesito un copiloto, y tendrán que aceptar esta condición si quieren tenerme a mí como piloto –dije yo.

–Es que no vemos la necesidad de ello, teniendo en cuenta, insisto, que la nave prácticamente funciona sola.

–Bueno, si necesito un copiloto, es asunto mío, entiéndanlo si quieren como una manía mía.

–Está bien…

–Por supuesto, dicho copiloto lo elijo yo, eh.

–Como quiera, si quieren repartirse la mitad de su sueldo…

–No, no será necesario, tengo pensado llevarme una muchacha, que es una especie de becaria, que tengo como aprendiz, con pagarle el alojamiento y la manutención será suficiente…

–Bueno, ya sabe que se alojaran en la nave y que esta contiene raciones suficientes para la duración total del viaje e incluso unas semanas más…

–Sí, era consciente de ello. Ya me quedó claro que la nave también la ponían ustedes…

–Eso es, le proporcionamos la nave y tan solo tendrá que pilotarla llevando el cargamento que porta…

–Estupendo, partimos mañana por la mañana entonces…

–Eso es…

A la mañana siguiente me presenté en el astropuerto y pregunté por la nave de los bolianos, así que siguiendo las indicaciones no fue difícil encontrarla.

Era una nave enorme, como del tamaño de una ciudad de tamaño medio. Por suerte cerca de ella estaban los dos bolianos que me habían contratado.

–Buenos días, Sr. Jim, tan puntual como siempre.

–Así es. ¿Ha llegado mi copiloto?

–Sí, ya está dentro y en animación suspendida como estará usted buena parte del viaje.

–De acuerdo, veo que es una nave un tanto vetusta…

–Sí, así es.

–Un poco anticuada y enorme…

–Cierto.

–¿Les he hablado de mi mal de Ryoga?

–¿Qué es eso?

–Bueno, que me suelo perder en sitios tan grandes…

–No se preocupe, hemos pensado en ello, así que le entregamos este manual de manejo de la nave y que viene con un completo mapa de la nave… Además, hay varias indicaciones en la propia nave y si aun así tiene alguna duda, el ordenador de abordo le ayudará en ello…

–Vamos, que la nave la puede pilotar cualquier chimpancé…

–Eso es, lástima que en nuestro planeta no haya ninguno…

–¿Qué insinúa?

–Nada, nada, era una pequeña broma.

–Mejor así, bueno, pues gracias por todo y ya hablaremos en mi lugar de destino.

–Que tenga buen viaje.

Y así entré en aquella enorme nave.

Programé las coordenadas de destino y me puse a dormir… Ya que, por lo visto, aquella nave tan antigua no disponía de tecnología warp y funcionaba a velocidad sublumínica, por lo que los tripulantes debían permanecer en animación suspendida el tiempo que transcurriera el viaje.

Al cabo de unos minutos un zumbido me despertó… Realmente era un sonido bastante conocido y llegué a la conclusión que era un despertador… Dije aquello de 5 minutos más, pero el ruido persistió, así que alargué la mano para ver si lo localizaba para pararlo…

Pero nada… Así que me levanté…

–¿Qué es tanto escándalo? Así no hay quién duerma… ¿Dónde es el incendio?

–No hay ningún incendio –contestó una voz femenina algo metálica.

–¿Qué ocurre entonces?

–Nada. Es un control rutinario. Se debe despertar al piloto cada 200 años para que compruebe que efectivamente todo está correcto…

–Ah, vale… ¿200 años?!

–Eso es…

–Vaya, está claro que voy a llegar tarde a la entrega…

–Probablemente. Aunque se trate de un viaje a velocidad sublumínica nuestro destino estaba a tan solo tres años.

–Está claro, que por muchos conocimientos de historia y pilotaje que tenga yo, hay cierta tecnología alienígena que se me escapa…

–Datos insuficientes.

–Sí, seguramente habrá sido eso, dispongo de “datos insuficientes” para pilotar con corrección esta nave… Bueno, en cualquier caso, ¿así cuantos años nos quedan de viaje?

–Tan solo otros 200 años.

–Tan solo, tan solo… Bueno, en cualquier caso, como te decía antes, está claro que ya voy tarde para entregar el cargamento a los bolianos… Por cierto, ¿cómo que los bolianos hacen el transporte en esta nave que parece tan antigua, que ni siquiera tiene tecnología FTL o similar?

–Los propietarios de esta nave son una sociedad con escasos recursos y esto es lo que han podido permitirse en cuanto transporte espacial.

–Otro, por cierto, ¿y tú quién eres?

–Evidentemente el ordenador de la nave…

–Ah

–Mi nombre es Hallie…

–¿Hallie? Es parecido al nombre de otro ordenador famoso… ¿Eres de la familia de Hal 9000?

–No dispongo de familia, en el sentido biológico del término, aunque sí que pertenezco a la familia de computadoras Tsis´Kloton.

–Me he quedado igual, aunque esto de que no seas familia de Hal me alivia un poco…

–Datos insuficientes

–Pues visto, lo visto, me vuelvo a dormir un rato…

–Negativo, aún no ha realizado el control rutinario del estado general de la nave.

–¿Y no lo puedes hacer tú?

–Efectivamente, pero el sistema está programado para qué cada 200 años se realice un control por parte de un ente biológico, al ser posible humano…

–Está bien, está bien… Ya que estamos, ¿cómo se llama esta nada? Diría que los bolianos no me lo comunicaron… A ver si la nave también va a tener un nombre ilustre…

–Nos encontramos abordo de La Madre del Amor Hermoso.

–Madre el amor hermoso…

–En efecto. Esta nave antes perteneció al grupo religioso Las Hermanitas de Santa Paciencia y el Santo Sepulcro Espacial de la galaxia de Andrómeda.

–Eso digo yo, santa paciencia…

Así, revisé los controles de la nave y luego me puse a dar un paseo por la nave, como parte de la inspección rutinaria de la misma…

La nave tenía amplios pasillos metálicos, ciertamente mal iluminados, nada que ver con los pasillos de una nave estelar de la Flota Estelar.

Iba yo caminando tranquilamente, cuando oí en una curva del pasillo un sonido metálico, como de unos pasos… Como de alguien caminando por una de las rejillas que componían el suelo…

Me acerqué con precaución a la zona de donde provenía el sonido y no vi nada, seguí el pasillo y volví a oír los pasos más adelante… Eran quizás unos ruidos más amortiguados si los comparábamos con el sonido de mis pasos… Quizás de alguien pequeño… Más pequeño que yo era extraño… ¿Quizás un niño? Seguí el sonido, pero al parecer “el niño” había girado por otro pasillo y cuando llegué a la altura del sonido ya no había nadie allí…

–Ostras, aquí hay más gente… Computadora, ¿cuánta gente hay en la nave?

–Defina gente

–Reformulo la pregunta, ¿cuántos seres vivos hay en la nave actualmente?

–4.500

–Madre del amor hermoso…

–Efectivamente, nos encontramos abordo de La Madre del Amor Hermoso.

–¿Cómo es posible? Me dijeron que tenía que llevar una carga… No a unos pasajeros… ¡Y nada menos que 4.500! Sí lo llego a saber les cobro más a los bolianos… Espero que todos los pasajeros estén en animación suspendida, si no cuando llegue a destino, entregaré una carga de adorables abueletes bolianos o a las malas un gran cargamento de esqueletos…

Entonces volví a oír aquellos pasitos… Por lo que salí corriendo en su dirección… Al girar un pasillo me encontré un perrete sentado mirándome con cierta cara de extrañeza o eso me pareció…

No era un perro de raza conocida, era de tamaño medio y parecía un perro de estos sin pedegree.

Y entonces pensé:

–Un momento… Hallie, de los 4.500 seres vivos, ¿cuántos de ellos son personas humanas?

–Tres

–Eso me cuadra más, pues esos tres debemos ser mi copiloto… Yo… Y un tercero, que no sé, quizás sea un polizón o algo así…

Pues misterio resuelto… Claro, que entonces no iba a cobrar más por llevar pasajeros…

 –Pues será hora de revisar la carga. Hallie, por favor, indícame el camino.

–Siga por favor la línea roja que verá en el suelo.

Y así hice. El perrete me fue siguiendo eso sí. Y así los dos llegamos a un gran almacén, un espacio enorme que estaba completamente… Vacío…

–Hallie, ¿dónde está la carga? Esto está todo vacío… No hay ni una sola caja.

–Error, al fondo a la izquierda encontrará la carga. En la esquina de la izquierda…

Después de varios minutos llegué a dicha esquina y en efecto, allá había una caja rectangular bastante grande. La caja, por suerte, tenía una especie de ventanita de cristal en la tapa. Me asomé y para asombro mío me encontré con la cara de una bella mujer que parecía dormir.

–Vaya… En cualquier caso, misterio resuelto, de nuevo, ya tenemos a la tercera persona humana…

–En efecto, la carga consiste en esta persona humana.

–¿Me puedes dar más detalles de la carga por favor?

–En efecto, no veo por qué no…

–Ah, pensaba que era una carga secreta…

–No, se trata de la princesa Narika que debía ser transportada para ser coronada…

–Ahora, que lo pienso… Esta muchacha no es boliana…

–En efecto, se trata de la princesa Narika de Merenda III, que debía ser transportada para su coronación. Esta princesa se encontraba en el exilio y en dicho exilio contó con la ayuda de un grupo empresarial boliano.

–Ah, muy bien… Tendré que leerme más a menudo la prensa, que no tenía ni idea de quien era esta señorita…

–En efecto, dicha coronación fue anunciada en todos los medios de información espaciales del cuadrante.

–Me parece muy bien… Lástima que la princesa llegue un poco tarde a su coronación… Pero bueno, 400 años tampoco son tantos años…

–Ciertamente, tan solo llegará 400 años tarde.

–En fin, pues una vez hecha la revisión ordinaria, me vuelvo a dormir….

Así volví a la capsula de hibernación y empecé a dormir de nuevo.  Lleva unos pocos minutos intentando dormir, empezando ya una fase de duermevela, cuando me sobresaltó de nuevo un zumbido electrónico de gran intensidad…

–¿Qué es ese ruido? ¿Ya hemos llegado? Pero si me acabo de acostar…

–No, no hemos llegado.

–¿Entonces?

–Tenemos una avería, que requiere ser reparada, evidentemente.

–Pues manda a un robot de mantenimiento…

–No dispongo de ningún robot de mantenimiento, ni de reparaciones.

–Pues estamos apañados…

–El piloto de la nave debe tener unos conocimientos de mecánica estelar…

–Pues despierta al piloto…

–Eso mismo estoy haciendo, le recuerdo que el piloto de esta nave es usted…

–Ostras, es verdad… Pero yo no tengo conocimientos mecánicos, ni básicos ni avanzados…

–Le tendré que indicar en ese caso lo que hay que hacer. Por suerte no es una avería muy importante.

–Veamos, ¿qué ocurre?

–Hay un par de relés que no funcionan…

–Pues vamos a ello, a ver si hay que cambiarlos o algo así…

Hallie, me guio nuevamente por aquella nave, esta vez al lugar donde estaba la avería.

–Ya veo lo que ocurre… Estos cables se han soltado…

–En efecto hay que recolocar los cables de los relés en el orden correcto para su funcionamiento…

–Pero estos cables parecen bastante rígidos, ¿cómo se han podido soltar?

–Sospecho que han sido las ratas…

–¿Ratas? ¿Ratas del espacio?

–Sí, la nave está afectada por una plaga de ratas, al pasar por esta zona han debido desconectar los cables…

–Pues suerte que no han roído los cables…

–No, no les gusta el sabor de los cables…

–Ahora que pienso, ¿cuántas ratas hay en la nave?

–Por suerte solo hay 4.486 ratas actualmente en la nave.

–Ya me van cuadrando entonces los números… Aunque aún faltan unas 10 “entidades vivas” para llegar a los 4.500 seres vivos de la nave, si no me fallan las matemáticas… Claro, que con lo sucio que está esto seguro que deben ser cucarachas o algo así…

–Inconvenientes de no tener robots de mantenimiento y limpieza.

–Bueno, dime exactamente como he de reconectar los cables estos del relé…

–Se han de colocar en el orden correcto…

–Solo sospeché desde el principio… ¿Y cuál es el orden correcto?

–El orden correcto será verificado visualmente porqué las luces rojas del panel pasaran a estar en color verde.

–Muy bien, como yo no veo desde aquí las luces esas, ve avisándome cuando se vayan poniendo verdes…

–Lamento informarle que mis circuitos ópticos no alcanzan la zona de luces, por lo que no le podré ir diciendo…

–Pues si tengo que ir probando combinaciones de todos estos cables y luego asomarme a ver cómo están las luces, me puedo tirar toda la eternidad…

–En efecto, si no se conectan los cables en el orden correcto no llegaremos a destino, ni siquiera en 200 años…

–Claro, necesitaría alguien que me ayudara… Puedo ir al pasado para encontrarme con mi yo del pasado y pedirle que me ayude, aunque en el pasado no existiría esta avería… O quizás sí, o tendríamos que esperarnos a que pasara la avería y entonces seríamos tres, pues nos encontraríamos con nuestro yo del futuro… Esta idea me suena de algún relato de ciencia-ficción, claramente era de ciencia-ficción, pues no tiene mucho sentido y tiene mucho de ficción literaria…

–Si lo desea puedo despertar a su copiloto para que le ayude.

–No, despiértame si acaso a la princesa, que trabaje un poco…

–Lo lógico sería despertar al copiloto, que por definición ha de ayudar al piloto…

–Ya, pero teniendo una bella mujer alienígena desconocida… Por supuesto la copiloto que me he traído es también bella, pero la tengo ya muy vista… Es ya conocida, otra cosa es que me acuerde o sepa su nombre, pero la conozco ya de hace más tiempo…

–No entiendo su razonamiento.

–No has de entender el razonamiento, despierta a la princesa y ya está…

–¿Seguro?

–Sí… ¿Aquí quién manda? A ver…

–Lamentablemente no disponemos de un capitán en la nave.

–Pues eso, donde no hay capitán, manda marinero…

–Desconozco esa expresión…

–Bueno, que no voy a tirar aquí 200 años discutiendo… Vamos a hablar con la princesa y que me ayude con los cables esto… Por muy princesa que sea, mientras no sea daltónica, me podrá ayudar con el tema de las luces de colores…

Así me dirigí hasta el hangar donde dormía la princesa.

Continuará…

Texto de Tony Jim

Ilustración de Jana Kalc

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